Por Jim Taylor
La simple visión de unos brazos musculosos me aceleraba el pulso cuando era un niño. SabÃa que éstos representaban la fuerza y la potencia. Al fin y al cabo Cassius Clay los tenÃa grandes y todos los héroes de los cómics también, asà que sin lugar a dudas los brazos eran el sello de lo sobrenatural. Pero durante mucho tiempo pensé que el brazo lo componÃa un único músculo: el bÃceps.
Durante años me obsesioné con el bÃceps, pero mis brazos no pasaban de ser un poco mejor que los de alguien que no se entrenaba, hasta que comprendà que el verdadero artÃfice del tamaño del brazo no es el bÃceps, sino el trÃceps. Tanto es asà que dos tercios de la medida de la parte superior del brazo corresponde al trÃceps, asà que si queréis unos brazos impresionantes más vale que os pongáis ahora mismo a machacar ese músculo de tres cabezas que ocupa la cara posterior y superior del brazo.
Los que empezamos a entrenar muy pronto pensábamos que para tener unos brazos impresionantes bastaba con entrenar el bÃceps. Después de todo cuando alguien querÃa mostrar su fuerza se limitaba a flexionar el brazo y a contraer el bÃceps. Croso error. Durante un tiempo miraba las fotos de las revistas pero no acababa de ver la diferencia de algunos brazos grandes y otros impresionantes.
Una vez caà ante una foto de trÃceps de Bill Pearl, aquella en la que agarra el brazo con la otra mano pasada por detrás del cuerpo. Esa imagen fue como si alguien encendiera de golpe la luz ante mÃ. Enseguida comprendà que el verdadero potencial de crecimiento del brazo lo proporciona el trÃceps. A partir de ese momento comencé a ver de forma distinta los brazos. Un brazo flexionado no se ve muy grande por la protuberancia de carne que se contrae y sube hacia arriba, el bÃceps, sino por la cantidad de carne que cuelga por detrás, desde el codo a la axila.
Otra foto que me impresionó fue la de Sergio Oliva haciendo press francés sentado, porque sus brazos eran tan grandes como su cabeza. Cuando Sergio hacÃa un doble bÃceps sus brazos eran enormes, a pesar de que los bÃceps no tuvieran pico ni subiesen demasiado, sino que tenÃan tal cantidad de masa por debajo del codo que parecÃan la panza de una enorme orca. Cuando a principios de los años 70 Oliva pasó una temporada en Florida para entrenar con el mÃtico Arthur Jones, el creador de las máquinas Nautilus, éste midió el brazo del cubano afincado en EEUU y comprobó que era más grande que su cabeza. Y como digo en él predominaba el trÃceps.
Comencé a estudiar los brazos de los grandes campeones y no tardé en comprobar que aquellos que eran más impresionantes lo eran precisamente gracias a los trÃceps, no a los bÃceps. Incluso los que han destacado por sus bÃceps tenÃan formidables trÃceps o de lo contrario hubiesen pasado desapercibidos, porque aunque la vistosidad pueda acapararla el bÃceps cuando se contrae, sin la base del trÃceps no serÃa más que un efecto curioso. Por todo ello, dejadme deciros que nunca tendréis unos brazos impresionantes si no desarrolláis los trÃceps al máximo de su potencial.







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